Orgullo


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Orgullo. Una palabra díficil. Es díficil de aceptar, díficil de definir, díficil de detectar. A veces es demasiado sutil y se filtra por cualquier lado. Abarca tantas cosas que no es fácil explicarlo…. pero más difícil que todo es aceptarlo, en parte por el mismo orgullo y en parte por las dos cosas anteriores.

Pero es algo horrible. En mi opinión, así como el amor al dinero, el orgullo es la raíz de todos lo males. Lucifer se convirtió en Satanás por su orgullo, por querer ser como Dios, porque creía que merecía ser como Él, porque creía que lo era…. sólo creía. Y ahí comenzó todo.

La desobediencia de Adán y Eva, el homicidio cometido por Caín, la arrogancia en la Torre de Babel, la envidia de los hermanos de José…. y sigue la historia con una exagerada idolatría y, por consiguiente, gran falta de fe. Todo enraizado en el orgullo.

Verán, el orgullo puede ser descrito de muchas maneras; soberbia, altivez, arrogancia. Es, en sí, un exceso de estimación propia, sobrevalorarse o el deseo de sentirse sobrevalorado o superior a otros. Es cualquier actitud tomada con fines personales sin importar lo que pase alrededor. Es cualquier acto egoísta, cualquier palabra dicha con propósitos vanidosos. Es tanto….. pero lo peor es que puede definirse como desobediencia e idolatría. Desobediencia porque Dios nos pide que busquemos agradarle a Él, no a nosotros; idolatría, porque al pensar eso de nosotros mismos, dejamos de ver la majestuosidad y poder de nuestro Dios, olvidamos que no somos nada, que no merecemos nada, y nos volvemos nuestros propios dioses… nos hacemos idolatras.

Pero es tan sutil….  queremos agradar a los hombres más que a Dios… y a veces ni siquiera nos damos cuenta. Perdemos de vista la idea de que no sabemos todo, y “sin querer” queremos siempre tener la razón. Queremos que los demás vean las cosas “buenas” que hacemos. Queremos gustarle a la gente y quedar siempre bien, y hasta hacemos un esfuerzo por ser y hacer más que otros.

Todo eso es el orgullo y más…. Creemos que sabemos mejor cómo debe ser o actuar alguien. Creemos que nuestro punto es el correcto, juzgamos, nos enojamos, defendemos nuestros “derechos”, somos insensibles y la lista podría seguir. Y, lamentablemente, me he identificado con cada una de estas cosas. Quizás podría hablar antes de la humildad, pero quise empezar por el orgullo porque creo que tenemos que darnos cuenta de lo orgullosos que podemos llegar a ser y de lo destructivo que es… y al final, eso nos humillará.

Sí…. lo siento, a veces puedo escribir por siglos, pero sólo quiero compartir algunas de las cosas que el Señor me ha enseñado.

Bien, el orgullo es un pecado punto (Preverbios 21:24). Es necedad (Proverbios 14:3). Siempre va antes del quebrantamiento, la destrucción y la humillación (Proverbios 16:18, 29:23) . Dios lo aborrece y resiste al orgulloso (Proverbios 8:13, 1 Pedro 5:5). Produce contiendas (Proverbios 13:10), nos trae tristeza y pesar (Proverbios 29:23).

Podemos resumir que el orgullo es cualquier pensamiento, palabra, actitud, acción con la cual buscamos nuestra propia gloria y aprobación. Es horrible y causa tanto mal.

Pero los animo a orar y pedirle al Señor que les muestra cualquier clase de orgullo en sus vidas.

“No es bueno comer mucha miel, ni el buscar la propia gloria
es gloria.”
Proverbios 25:27

No vale la pena y ya lo he probado y no digo que ya sea humilde, sólo digo que no quiero ser orgullosa y que he visto lo horrible de este pecado en mi vida. Es tan cierto que el orgullo del hombre lo abate, la gloria es momentánea y el pesar, continuo. Es algo agotador y si no hacemos algo se hace fatal. Tenemos que luchar en nuestra contra y ver lo débiles que somos. Debemos dejar de ver las fallas en otros o pasaremos por alto las nuestras y nos creeremos mejores que ellos; pero aun llegamos a actuar con la misma actitud que orgullosamente juzgamos.

Debemos elegir humillarnos (será mi próximo post). Es díficil, pero no se compara con la paz que viene de obedecer a Dios, el gozo que viene de la humillación es  mil veces mejor que la gloria pasajera del orgullo; gloria invisible, necia, que construye un muro en nuestro corazón; duro, áspero, un muro que cubre la luz, que no deja entrar ni salir.

La prisión del orgullo es fría, solitaria y dolorosa… pero adictiva; sólo un milagro la destruye. Sólo alguien con poder sobrenatural la destruye. Aun hay quienes están orgullosos de su orgullo. Pero Dios es capaz de eso, si se lo pedimos, si estamos dispuestos a hacer lo que sea necesario. ¿Quién querría vivir su vida sabiendo que Dios lo resiste? ¿Quién podría vivir la vida sin la gracia del Señor?

Sabiendo lo que es y lo que causa, deberíamos con todas nuestras fuerzas desear no ser orgullosos! Y luchar por no serlo. Deberíamos vivir cada día tratando de agradar a Dios porque somos sus siervos (Gálatas 1:10). Debemos pedirle que nos muestre y que nos dé Su poder para vencer el orgullo y buscar la gloria sólo para Él, para el Único digno y poderoso Dios.

Pues he aquí el que forma los montes, crea el viento
y declara al
hombre cuáles son sus pensamientos,
el que del alba hace tinieblas
y camina sobre las alturas de la tierra: el
SEÑOR, Dios de los ejércitos, es su nombre.
Amós 4:13

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