Dar gracias… ¡Siempre!


Bien….

Creo que no logré mi propósito. Pero hay demasiado por qué dar gracias, y creo que especialmente hoy es un gran día para dar gracias.

Gracias a nuestro bondadoso Señor por todo lo que nos da… Realmente no podemos, ni mucho menos debemos, quejarnos de absolutamente nada, pues como dice el Salmista:

“Muchas son, SEÑOR, Dios mío, las maravillas que tú has
hecho, y muchos tus designios para con nosotros; nadie hay que se compare
contigo; si los anunciara, y hablara de ellos, no podrían ser enumerados.”
Salmo 40:5

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Muchas veces en la vida todo parece estéril, seco. Algunas veces parece que sólo está… Y otras veces parece que la tormenta jamás va acabar o que sólo se hace más fuerte. Y fallamos al ver lo seco, lo que sólo está o al ver sólo la tormenta en vez de ver al Autor y Consumador de nuestra fe. Fallamos al no ver Sus dádivas, Sus misericordias nuevas cada mañana, Sus maravillas, Sus designios para nosotros.

Cada día hay tanto por qué estar agradecidos. Aun las cosas que nos parecen insignificantes y que pasamos por alto cada día son grandes bendiciones que debemos agradecer a nuestro Creador. El poder ver, escuchar, el tener que comer, una familia. Todo lo que Cristo nos dio a través de Su muerte. ¡Hay tanto! Que realmente “no podrían ser enumerados.”

Y cada día podemos descansar en que sin importar la circunstancias, aunque no podamos ver o entender todo, en que a pesar de nosotros mismos, Dios es bueno y misericodioso, Él es fiel, y sus promesas son verdaderas; Su amor es eterno, y por eso, hoy, estoy agradecida; mi corazón puede sonreir.

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Por siempre cantaré de las misericordias del SEÑOR; con mi boca daré a conocer tu fidelidad a todas las
generaciones.
Salmo 89:1

Oh SEÑOR, tú eres mi Dios; te ensalzaré, daré alabanzas a tu
nombre, porque has hecho maravillas, designios concebidos desde tiempos
antiguos con toda fidelidad.
Isaías 25:1

Y aun cuando pensaramos que toda bendición terrenal es inexistente, aun así tenemos todo. Sólo en Efesios podemos ver TODO lo que tenemos en Cristo.

  • Hemos sido bendecidos con toda bendición espiritual.
  • En Cristo, Dios nos ha impartido Su gracia.
  • En Él tenemos redención por medio de Su sangre y perdón de pecados.
  • En Cristo, Dios se propuso darnos a conocer el misterio de Su voluntad.
  • En Cristo hemos recibido una herencia y el Espíritu Santo de la promesa.
  • En Cristo estamos sentados en los lugares celestiales.
  • En Cristo, Dios nos da Su bondad.
  • Fuimos creados en Cristo para buenas obras preparadas de antemano (no tenemos que preocuparnos por ellas).
  • Hemos sido acercados por la sangre de Cristo.
  • En Cristo somos edificados como casa de Dios.
  • En Cristo somos coherederos y miembros del mismo cuerpo.
  • En Cristo, el Espíritu habita por fe en nuestros corazones.

¡Gracias por Cristo!

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