No Estamos Solos


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Empecé a escribir esto el 21 de enero… y la verdad, no sé cuando lo publicaré. Creo que es porque el Señor me ha estado enseñando tanto, que ni siquiera sé por dónde empezar o qué escribir exactamente.

Pero una de esas cosas que he estado aprendiendo, es que no estamos solos. Y eso significa más de lo que yo pensaba, y sé que aún no puedo comprenderlo en toda su complejidad. Pero básicamente, en cuanto a esto, el Señor me ha enseñado tres cosas:

  1. No tenemos por qué temer.
  2. Tenemos que temer.
  3. Él nos ayuda.

¿No es consolador saber que en medio de la más densa oscuridad tenemos un Dios poderoso que ve todo como si fuera pleno día? ¿Que ve el final de la historia, el cuadro completo? El es nuestro Dios, quien sostiene el futuro en Sus manos, Aquél cuyo entendimiento es inescrutable y poder infinito, quien nos ama con amor eterno y fuera de toda medida y comparación. No hay nada que temer, ni el presente ni lo porvenir, NADA puede separarnos del amor de Dios, y ¿qué más podríamos querer en esta vida? “El Señor está a mi favor, no temeré, ¿Qué puede hacerme el hombre?”
Hay momentos que las circunstancias de la vida nos hacen preguntarnos si de verdad Dios es soberano. Tenemos la duda de si de verdad Él proveerá, de si de verdad el camino por el que nos lleva es el camino correcto, y si es seguro, si vamos a “estar bien”.
Tememos al futuro, a la gente, a las circunstancias, tememos al mundo; tememos a la necesidad, a la oscuridad, a la soledad. Tememos que Dios nos haya abandonado sólo porque no estamos o tenemos lo que creemos que es mejor, pero es Él quien ha dicho “Nunca te dejaré ni te desampararé”.

Y en este momento de mi vida temo al futuro incierto. Temo a lo desconocido. Temo a fallarle al Señor. Y llega a ser un temor tan aterrador que sólo me queda hundirme en Su Palabra y darme cuenta de que Él está en control y que tengo que temer…. Temer a Él.
Me sorprende darme cuenta de qué tan seguido soy tan inconsciente de la presencia del Señor. ¿Cuánto cambiaría nuestra vida si nuestra meta fuera dar una alabanza constante al Señor? Constante, al estar conscientes de que nadie puede meterse en escondites de modo que Él no lo vea, conscientes de la hermosura de Su santidad, conscientes de nuestra impotente e indigna condición. Conscientes de Su amor….
Es en el temor del Señor en donde hay confianza segura, donde hay sabiduría, donde hay bendición. Sí tememos al Señor no hay nada más que temer.

“¡Aleluya! Cuán bienaventurado es el hombre que teme al SEÑOR, que mucho se deleita en sus mandamientos.”
Salmo 128:1

Sí ambicionamos serle agradables, si queremos hacer todo para Su gloria, nosotros ya no vamos a importar y realmente el vivir va a ser Cristo y el morir ganancia.

Pero…. seguimos siendo humanos, y el Señor me ha mostrado que tan poco sé de Él, de Su Palabra y del mundo que Él creó. Me ha mostrado lo débil que soy y qué tanto fallo… Pero en todo esto también me ha mostrado que no estoy sola; Él es el que me ayuda.

“Porque yo soy el SEÑOR tu Dios, que sostiene tu diestra,
que te dice: ”No temas, yo te ayudaré”.”
Isaías 41:13

Él nos ayuda a cumplir Su voluntad. Somos débiles, pero Él se perfecciona en nuestra debilidad. El mundo nos envuelve, pero Él ya ha vencido al mundo. Con Él, podemos resistir al Diablo.

El Salmo 18 es uno de mis favoritos, me recuerda todo lo que el Señor es y hace por nosotros:

  • Es nuestra Fortaleza.
  • Es nuestra Roca.
  • Es nuestro Refugio.
  • Es nuestro Escudo.
  • Es el Cuerno de nuestra Salvación.
  • Es nuestra Altura Inexpugnable.
  • Él escucha nuestras oraciones.
  • Nos libró de nuestro poderoso enemigo.
  • Él fue y es nuestro Sostén.
  • Él nos apremia (gracias a la justicia de Cristo).
  • Él se complace en nosotros (aunque parezca imposible).
  • Él enciende nuestra lámpara y alumbra nuestras tinieblas.
  • Él nos ciñe de poder.
  • Él adiestra nuestras  manos para la batalla.
  • Su diestra nos sostiene.
  • Por nosotros ejecuta venganza.

Por tanto, te alabaré, oh SEÑOR, entre las naciones,
y cantaré alabanzas a tu nombre.
Salmo 18: 49

Sólo podemos y debemos temer a Él… y, entonces, no habrá nada más que temer.

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